La consejera irresponsable
La ahora exconsejera Salomé Pradas se ha declarado “irresponsable” tras su declaración ante la jueza de instrucción. Según el Diccionario de la Lengua Española se entiende por irresponsable: “A quien no se puede exigir responsabilidad”. En su alegato de defensa las palabras de la exconsellera recogidas por todos los medios han sido que es “una ignorante en emergencias”.
Estas manifestaciones de indiscutible veracidad traen al debate el sistema de designación de algunos políticos y sus responsabilidades.
Creo que no se le está dando la trascendencia que tiene al hecho de que una persona elegida para ocupar un cargo político de la máxima responsabilidad afirme que no tenía conocimientos para ejercer el puesto para el que ha sido nombrada. Este es el juramento/promesa que hizo (en valenciano) el día que aceptó el cargo:
«cumplir con fidelidad las obligaciones del cargo con lealtad al Rey, guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado y el Estatuto de Autonomía de la Comunitat Valenciana, y mantener el secreto sobre las deliberaciones del Consell».
No creo que la lealtad al Rey por encima de su irresponsabilidad en emergencias les haya hecho muy felices a los valencianos. Ante estos hechos nos hemos de preguntar: ¿Cómo es posible que esto ocurra? ¿Quién es responsable de que una persona no cualificada sea nombrada para un puesto que lleva aparejadas responsabilidades que no podrá asumir por no estar preparada para ello? El jefe de Bomberos del Consorcio de Bomberos de Valencia realizaba unas interesantes manifestaciones en su comparecencia en la Comisión de estudio de la Diputación de Valencia:“La protección civil ha ido derivando en que todo esto acaba dependiendo de un responsable político que es un conseller”.
Esta afirmación no deja de ser una crítica al sistema actual de gestión de emergencias. Quienes hemos asumido responsabilidades técnicas en la gestión de emergencias sabemos algo de esto y hemos ido viviendo desde los años 90 un proceso de intrusión política en la dirección técnica de gestión de emergencias. Los cargos políticos (que muchas veces eran ignorantes de la materia) han ido sustituyendo en las funciones directivas a los jefes de servicio (funcionarios acreditados mediante oposición) y lo sucedido en la dana de Valencia es algo que podía pasar y ha pasado. No es entendible ni explicable por qué los siniestros son dirigidos por los mandos naturales de los servicios de emergencia y cuando las cosas se comienzan a complicar y la situación puede convertirse en catastrófica, de repente, hay que poner al mando a los políticos que nada saben de ello: ¿A quién se le ha ocurrido este sistema? ¿Tiene alguna responsabilidad quién nombra incompetentes? Parece un principio indudable sobre la responsabilidad el precepto del Código Civil que “Quien causa un daño a otro, por acción u omisión, interviniendo culpa o negligencia, está obligado a reparar el daño causado». Apliquémoslo a la gestión política. A veces en política oímos hablar de la responsabilidad o “culpa in vigilando” (responder por ciertos aspectos de la actividad que caen en su esfera de supervisión) para atribuir responsabilidades políticas a quienes cometen alguna irregularidad penalmente reprochable, pero como la responsabilidad penal es personal, la responsabilidad política queda en nada. Pero hay otra responsabilidad de la que se habla poco y se debería tener más presente, es la responsabilidad o “culpa in eligendo”. Cuando se da una negligencia en la elección con relación a su falta de idoneidad profesional respecto de la dificultad o complejidad que presenta el encargo. Quien nombra a una persona carente de formación y experiencia para desempeñar responsabilidades para las que no está cualificada ha de ser responsable “in eligendo” exigible por los actos u omisiones de aquellas personas a quien ha nombrado. ¿Se puede cambiar algo? Debería aprovecharse esta catástrofe para revisar el modelo que ha causado más de 200 muertes. No podemos reducir los fenómenos meteorológicos adversos pero sí podemos planificar mejor cómo reaccionar ante ellos y una adecuada gestión de esas amenazas es contar con los mejores profesionales para dirigir esas situaciones. Actualmente, la mayoría de las CCAA no tienen esta preparación. Tengo muy claro que las personas que ocupan puestos políticos sin conocimientos en gestión de emergencias no son las adecuadas para encomendarles la dirección de los Planes en las distintas emergencias. No es tan difícil darse cuenta de que este sistema es, o puede resultar nefasto, como se ha demostrado. Hay que abrir un debate sereno para mejorar un sistema que ahora sabemos que puede producir fallos y consecuencias graves para nuestra sociedad.

Lejos de ir reduciéndose el número de ahogamientos mortales, va aumentando. La cifra del año 2024 es la tercera peor de los últimos años, 546 en el año 2017 y 535 en el año 2019.
El ahogamiento no es un accidente, no sucede por casualidad, se puede prevenir, y esta es la mejor forma de tratamiento. (Dr. Szpilman).
Estamos a tiempo para que el Gobierno inicie acciones para reducir el número de muertos por ahogamiento. UNA MUERTE POR AHOGAMIENTO debiera ser UN PRECIO INASUMIBLE.
Mientras tanto, seguimos poniendo nuestro granito de arena.
COMIENZAN LOS DÍAS CALUROSOS
Comienzan los días calurosos y, con ello, el incremento de afluencia de personas a las playas de nuestras costas, playas fluviales y piscinas.
PREVENCIÓN
En la mayoría de las playas litorales, fluviales y piscinas exteriores no hay servicio de socorrismo hasta el mes de junio. La temperatura exterior nos invita al baño, pero tenemos que tener en cuenta que:


























