Kit de primeros auxilios

La primera pregunta que puede surgir cuando nos paramos a pensar en un kit de primeros auxilios puede ser: ¿Para qué sirve un kit de primeros auxilios? Las respuestas pueden ser múltiples y muy variadas; pero en todas y cada una de ellas una parte de la misma es siempre la misma: por si ocurre algo inesperado. Lo ideal, obviamente, es que nunca necesitemos usarlo. Pero como bien sabemos, en la vida no hay nada seguro y continuamente nos enfrentamos a pequeños o grandes sucesos inesperados; y para aquellos en los que nuestra integridad física se vea afectada, el kit nos será de ayuda. Hemos de ser conscientes que la finalidad primordial del kit es poder lidiar con situaciones como heridas o lesiones. Concretamente, poder contener sus consecuencias en el caso de afecciones leves o que nos permitan aguantar hasta la llegada de ayuda especializada en el caso de sufrir situaciones graves o incluso de riesgo vital. Sin poder nunca olvidar que el kit no nos puede garantizar nada, pero si puede marcar la diferencia en la posibilidad de supervivencia. ¿Qué kit de primeros auxilios escogemos? Esa es la pregunta más difícil de responder. Es muy difícil prever todo lo que nos puede ocurrir, y más aún llevar algo encima que nos pueda ayudar en cualquier situación. Por ello hay que encontrar el equilibrio entre lo que estamos dispuestos a llevar cómodamente y que pueda responder a nuestras necesidades. En el mercado existen diversidad de productos comerciales que son de utilidad en muchas ocasiones. Pero también es cierto que al analizarlos con atención podemos descubrir que no cubre todo lo que consideramos necesario. Por ello, lo habitual es personalizarlo según el criterio particular de cada persona o grupo. Si bien, independientemente del kit de primeros auxilios que escojamos, es necesario comprender que necesitamos realizar una fase previa a disponer y usar el mismo. Esta fase imprescindible previa consiste en: aprender primeros auxilios. Existen diversas organizaciones que imparten este tipo de conocimiento, y es algo que nos puede ser de gran utilidad en el momento más inesperado. Así que desde aquí la primera recomendación es: aprende primeros auxilios. Contenido Y ya centrándonos en el Kit, lo que contenga, pasa a depender de nuestro criterio, pero siempre dependiendo de varios factores comunes:
  • Nuestras necesidades personales o del grupo. Hemos de analizar la realidad individual, o del grupo, para el que queremos preparar el kit de primeros auxilios. Hemos de conocer si alguien tiene necesidades especiales que pueden ser un problema si no se tratan adecuadamente. Así como cualquier otra circunstancia relevante que pueda afectar a la supervivencia de la persona o alguna de las componentes del grupo. Ejemplos de ello son: que alguna persona necesite una medicina especial en ciertas circunstancias (alergias, problemas cardíacos, etcétera), estado de salud de la persona (como por ejemplo la facilidad para lesionarse o herirse). Y toda aquella situación o circunstancia que conozcamos y sea relevante. El kit deberá contener aquello que nos permita afrontar, al menos de forma inicial, ese tipo de circunstancias y permitir que podamos aguantar hasta conseguir ayuda adecuada.
  • El tipo de actividad que vayamos a realizar. No es lo mismo dar un paseo por el parque que por una zona de bosque escarpado. O si vamos a realizar una actividad peligrosa. En ese caso hemos de analizar los posibles daños que podamos sufrir, especialmente los más previsibles, todos sería imposible, y añadir los elementos que nos permitan afrontarlos. Por ejemplo, si pensamos que podemos sufrir heridas, añadir material de curas. Y así con lo que consideremos relevante.
  • Y el entorno en el que se va a realizar. Entendiendo por entorno, no solo el tipo de peligros que puedan existir directamente como por ejemplo ser una zona de difícil acceso o con peligros como de caída, de resbalarse, etcétera. Sino que también hemos de pensar en la presencia de animales, insectos o plantas peligrosas, sin olvidar la climatología y la cercanía o disponibilidad de lugares donde buscar refugio y/o conseguir ayuda. Todo ello ha de ser analizado y adecuar el kit de primeros auxilios a dichas circunstancias.
Así que el kit ha de crearse según aquello que necesitemos y preveamos nos pueda suceder si algo no va bien. Es imprescindible dedicar tiempo para pensar lo que necesitamos y para conseguir los materiales adecuados. Así como adaptarlo para cada actividad que vayamos a realizar, especialmente si conocemos previamente los peligros que nos van a rodear durante la actividad. Precauciones de equipamiento También hay que ser totalmente conscientes de que el kit de primeros auxilios no nos será de ayuda si no nos equipamos adecuadamente para realizar la actividad que hayamos planeado, es decir: calzado y vestuario adecuado, hidratación y alimentación, así como elementos que vayamos a necesitar en perfecto estado, como bastones, linternas, etcétera. Como resumen, un adecuado kit de primeros auxilios nos permite superar pequeños sustos en el entorno sin más complicaciones. Y puede marcar la diferencia entre sufrir consecuencias recuperables o secuelas graves o fatales, ante situaciones más complicadas; permitiendo que podamos esperar a la llegada de ayuda especializada.
Aprende primeros auxilios y prepárate adecuadamente.
En el siguiente artículo mostramos un ejemplo de un kit básico de primeros auxilios para actividades al aire libre, con sugerencias del contenido que puede tener. Puedes consultarlo aquí: Kit de primeros auxilios: contenido  

El peligro del radón

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El radón no puede relacionarse con los “accidentes”, porque sus efectos no ocurren de forma súbita; la exposición al radón es un peligro ambiental que puede presentar como principal consecuencia el cáncer de pulmón. Pero merece la pena explorar su peligro y conocer la forma de prevenir el riesgo. Autor: Javier Larrea. Presidente del Observatorio de Prevención de Riesgos y Accidentes Publicación: Web OPRA www.opra.info • 11 de junio de 2026 No obstante, desde la perspectiva de la prevención y la gestión del riesgo, sí puede integrarse dentro de una visión amplia de la accidentología y la seguridad. La exposición al radón puede entenderse como un peligro identificable debido a la exposición humana con consecuencias dañinas evitables. Conoce el radón El radón es un gas radiactivo natural que procede de la descomposición del uranio y del radio y está presente en ciertos suelos y rocas. Es un gas invisible, inodoro e insípido cuyos problemas de salud pública residen en haber sido identificado como un agente carcinógeno, por lo que resulta un riesgo ambiental. La principal vía de exposición es la inhalación. Desde la OMS está considerado como la segunda causa de cáncer de pulmón tras el tabaco. Puede acumularse en minas o edificios mal ventilados ya sean viviendas, sótanos, garajes o centros de trabajo. Estamos ante un riesgo invisible que produce un daño diferido y que puede ser abordado desde una perspectiva preventiva. Mapa del radón En este mapa se ve la distribución de la exposición al radón en el territorio. A un color más oscuro le corresponde una mayor emisión de radiación. Mapa del cáncer de pulmón en España El Centro Nacional de Epidemiología ha realizado el mayor mapa de la mortalidad por cáncer que se ha hecho nunca en España. Las dos imágenes muestran las regiones en las que se han producido más muertes por cáncer exclusivamente de pulmón entre hombres y mujeres en el período analizado (entre 1989 y 2008; 340.000 se achacan al cáncer de pulmón). Las zonas geográficas con mayor riesgo de mortalidad por cáncer de pulmón en los hombres se localizan en Extremadura, Andalucía occidental (Huelva, Sevilla y Cádiz), Asturias y Cantabria. En las mujeres, los mayores riesgos se encuentran en algunos pueblos de Pontevedra y Ourense.
Aunque la distribución del cáncer de pulmón se relaciona con el número de fumadores, los investigadores también apuntan a la contaminación atmosférica. Y, en el caso de los pueblos gallegos, los científicos señalan al radón.
No obstante, hay otros estudios que asocian una mayor incidencia de cáncer de pulmón relacionado más directamente con el mapa del radón. En España, desde el año 2019 según el DB-HS6 del Código Técnico de la Edificación es obligatoria la medición in situ del radón en todas las viviendas construidas en los municipios de riesgo. También en los centros de trabajo (que incluyen sótanos y plantas bajas) el Real Decreto 1029/2022 establece la obligación de realizar mediciones en estos espacios. Pero, parece que estas disposiciones no se están cumpliendo por lo que el conocimiento del territorio no es tan completo como debería ser. Se han realizado 12.000 mediciones en el Estado español mientras que en el Reino Unido ya llevan más de 600.000. Exposición y dosis recibida en España por el radón (1) En España, la dosis media efectiva estimada recibida procedente del gas radón es de aproximadamente 1,15 mSv al año. Existe una notable diferencia regional debido a la geología del subsuelo (abundancia de granito). Según datos del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), la exposición varía significativamente:
  • Pontevedra: Es una de las provincias más expuestas, alcanzando una dosis media de radón de 1,45 mSv/año.
  • Murcia: Es la provincia con los niveles más bajos registrando una media de 0,39 mSv/año.
Prevención Como el radón es un gas, en espacios abiertos no hay mucho riesgo pues el gas se dispersa en la atmósfera. El principal peligro reside en la concentración del gas en las estancias cerradas. La principal medida de prevención consiste en evitar o reducir la acumulación de radón en los espacios cerrados donde vayan a permanecer personas.
La mejor medida de prevención es la ventilación y renovación continua de aire en los lugares dedicados a la estancia de personas y especialmente aquellos espacios o lugares que permanezcan mucho tiempo cerrados.

(1) Un mSv es la abreviatura de milisievert. Es la unidad de medida que calcula cómo la radiación ionizante afecta a los tejidos humanos y el riesgo biológico asociado a esa exposición. Equivale a una milésima parte de un Sievert.

El promedio global de dosis natural es de unos 2,4 mSv al año.

Comparando distintas situaciones con los mSv que representan tenemos:

    • Una radiografía de tórax, 0,02 mSv.
    • Una radiografía dental o un vuelo largo en avión, 0,1 mSv.
    • El límite anual permitido para el público general, 1 mSv.
    • Un TAC de abdomen o tórax, 8 a 10 mSv.

Ascenso de muertes por caídas, fracaso de la seguridad pública

Con este título, el Diario Vasco y El Correo (cuya suma de lectores sitúa a estas cabeceras como cuarto periódico de información general en el Estado, tras El País, El Mundo y La Vanguardia), han publicado mi artículo, que reproduzco a continuación, denunciando la apatía de los gobiernos autonómicos, provinciales y municipales para afrontar una tragedia social que está desatendida: las muertes por caídas. En el debate sobre la seguridad pública, la atención suele centrarse en los peligros que generan una gran repercusión mediática: catástrofes, incendios, accidentes de tráfico o grandes emergencias. Sin embargo, mientras estos fenómenos ocupan titulares, existe una causa de mortalidad accidental que crece de forma constante y silenciosa: las caídas.

Un problema al alza

La evolución en las últimas décadas muestra una tendencia preocupante que debe plantearnos una pregunta incómoda para los sistemas públicos de seguridad y prevención de accidentes: ¿estamos prestando atención a los riesgos que realmente generan más víctimas? En la CAE, según el EUSTAT, se produjeron 278 víctimas mortales por caídas en 2024, cinco veces más que por accidentes de tráfico (59) y cincuenta veces más muertes que por incendios (5), sí, 50 veces más. ¿Puede comparar alguien los recursos económicos que dedicamos a la prevención y extinción de incendios y los que dedicamos a prevenir las caídas? Ahí está la diferencia. Las estadísticas de mortalidad de accidentes evidencian que las caídas se han convertido en una de las principales causas de muerte accidental en las sociedades desarrolladas. Este fenómeno está estrechamente relacionado con la longevidad de la población y quizás con el mayor número de personas de edad avanzada que viven solas. Pero no deberíamos reducir el problema a un simple efecto demográfico, estamos ante una realidad compleja. Podemos asegurar que la evolución trágica de la mortalidad por caídas refleja una insuficiente integración de la prevención en las políticas públicas de seguridad. Durante décadas, las estrategias de seguridad han estado dominadas por una lógica reactiva: invertir recursos en responder a emergencias, intervenir en incidentes y mitigar daños cuando el accidente ya se ha producido. Este enfoque ha permitido desarrollar servicios de emergencia altamente especializados y eficaces, pero al mismo tiempo ha relegado a un segundo plano las políticas orientadas a evitar que los accidentes ocurran. Si bien, en algunos accidentes como los de tráfico o los incendios se ha avanzado en políticas preventivas en su acepción de reducir las causas que los provocan, en otros accidentes como las caídas, los atragantamientos, las intoxicaciones o los ahogamientos apenas se está interviniendo en su prevención. Las caídas representan un ejemplo paradigmático de ello. A pesar de su elevada incidencia y de su impacto social, las caídas accidentales no están siendo percibidas. Las muertes por caídas son las muertes silenciosas, consideradas como sucesos inevitables, como una consecuencia natural del envejecimiento o de la vida cotidiana y en consecuencia no se actúa. En primer lugar, la falta de percepción de este fenómeno invisibiliza el problema social existente e impide el desarrollo de estrategias preventivas ambiciosas.

Las caídas pueden prevenirse

Una parte significativa de las caídas podría prevenirse. Factores como el diseño de los espacios públicos, las condiciones de las viviendas, la insuficiente iluminación, la presencia de obstáculos o la ausencia de elementos de apoyo, falta de atención al realizar acciones peligrosas como subir o bajar escaleras pueden aumentar considerablemente el riesgo. En el ámbito doméstico, cuestiones aparentemente menores como alfombras mal fijadas, suelos resbaladizos, escaleras sin pasamanos, cables sueltos, utilizar calzado inadecuado o acciones inseguras, pueden convertirse en desencadenantes de accidentes con consecuencias graves. Responsabilidad social En lo que va de siglo las muertes por caídas en nuestra comunidad se han multiplicado por 3. De 90 muertes por caídas en el año 2000 hemos pasado al récord de 278 y cada año batimos un nuevo récord sin que desde gobiernos y administraciones se esté adoptando ninguna medida. ¿Quién va a ser el primero en hacer algo? La prevención de las caídas requiere de entrada la existencia de un organismo que estudie el problema y proponga soluciones, no desde el ámbito sanitario, pues las caídas no son una enfermedad, sino desde nuevos entes de la administración especializados en la prevención de accidentes con un enfoque multidisciplinar que combine urbanismo, servicios sociales, salud pública y seguridad. El objetivo ha de ser intervenir sobre los factores que hacen más probables los accidentes. Esto implica desarrollar programas completos de prevención, investigación de los escenarios y las causas más probables, ofrecer información sobre estos accidentes, formación para las personas más vulnerables, y mejoras en el diseño de los entornos urbanos y espacios domésticos. Además, se deberían poner en marcha campañas de sensibilización orientadas a reducir accidentes domésticos y programas de prevención domiciliaria por parte de algún servicio público.
El objetivo tiene que ser que los accidentes no lleguen a producirse y reducir su número
NOTA: Aunque el artículo se ha elaborado con los datos referidos a la Comunidad autónoma vasca se puede hacer extensible a todo el Estado y a cualquiera de las CCAA.

Mercaderes de Humo

De un tiempo a esta parte, estoy detectando una clara tendencia anti regulatoria y de divulgación de despropósitos (cuando no directamente embustes) cuidadosamente envasados, al refugio de la aparición de nuevos riesgos y tecnologías de Protección Contra Incendios. Hay una partida particularmente irritante de impostores que pululan por el mundo de la PCI, en áreas tan dispares como la ingeniería, la fabricación de equipos, la instalación, el mantenimiento e incluso la inspección. No llevan parche en el ojo ni sable al cinto, pero comparten con los peores corsarios la misma vocación de engaño y daño: abordaje con jerga técnica, humo semántico (o se aferran a las tablas de la ley con un literalismo litúrgico, rígido y sin criterio) y una sonrisa de catálogo mientras tratan de vender no seguridad, sino mercancía, ego y a veces indisimulado revanchismo. Esta viscosa llovizna de “influencers” de saldo, habla de Normativa como quien recita conjuros, encadenan siglas -NFPA, UNE, EN, CE, ISO, AWWA, IMO-, mezclan conceptos y dibujan escenarios con la precisión del mediocre dramaturgo. Pero bajo esa fachada no hay conocimiento profundo, ni experiencia válida, ni rigor, ni ética, ni respeto por lo que está en juego, especialmente vidas humanas. Hay, en cambio, un cálculo frío y perfectamente afinado para colocar su producto, aunque no sea el adecuado, aunque no cumpla el propósito, aunque falle cuando más importa, se den por válidas vergonzosas justificaciones y aunque en ocasiones genere más peligro del que promete y garantiza combatir. El problema no es la ignorancia, esa se cura estudiando. El problema es la impostura consciente, el disfraz deliberado de experto para manipular decisiones críticas. Porque en este oficio, cada rociador mal elegido, cada detector mal ubicado, cada invención desatinada no es un error inocente, es una trampa silenciosa que espera el momento de cobrarse su deuda. Y creo que es conveniente decirlo sin rodeos. Estos mercaderes de humo con barniz técnico no solo merecen el descrédito profesional, sino un escrutinio legal. Cuando se juega con la seguridad contra incendios, la frontera entre la negligencia y la responsabilidad penal es tan delgada como una capa de pintura intumescente mal aplicada. Denunciar sus prácticas no es una opción moral secundaria, es una obligación cívica. Que respondan ante la justicia no es exceso, es profilaxis del oficio. Pero conviene no olvidar que todo mercader necesita comprador. Y en no pocas ocasiones, el engaño no se impone: se acepta. Hay quien, por comodidad, por ahorro o por simple voluntad de no mirar de frente al riesgo, encuentra en estos mercaderes de humo la coartada perfecta para engañarse a sí mismo. Cómo reconocer el humo La cuestión, naturalmente, es cómo desenmascararlos. De forma resumida deberemos atender a las siguientes señales (igualmente válidas para muchas otras disciplinas):
  1. Supresión instantánea. Si afirman que su sistema “elimina el fuego al instante”, “previene cualquier incendio” o “funciona sin mantenimiento”, están mintiendo. Ninguna tecnología real garantiza riesgo cero.
  2. Tecnología sin base científica. Si no pueden explicar el principio físico (detección, control, supresión, inertización, etc.) de forma clara y verificable, es pseudotecnología.
  3. No encaja en normativas de diseño. Si su “innovación” no puede integrarse en NFPA, UNE, EN, FM, CTE DBSI, RSCIEI o guías de ingeniería reconocidas como SFPE, no es válida para proyectos reales.
  4. Ausencia de certificaciones oficiales. En España y la UE, cualquier sistema debe tener certificaciones y marcas de conformidad o equivalentes. Si no las muestran, es impostura. Ojo especialmente a los certificados que pueden mostrar, de laboratorios misteriosos o recónditos, crípticos y de dudosa letra pequeña.
  5. Demostraciones manipuladas. Videos propios o demostraciones en condiciones irreales (fuegos minúsculos, combustibles no representativos, sin ventilación, etc.) indican fraude. Uso de vídeos editados o “experimentos” sin testigos independientes, son señales claras de engaño por parte de estos (presuntos) prestidigitadores.
  6. Lenguaje excesivamente técnico pero vacío. Palabras como “nanotecnología cuántica”, “inteligencia térmica holográfica”, “supresión por resonancia molecular” o “sensores bioenergéticos”, sin explicación concreta, son humo.
  7. Falta de historial verificable. Empresas sin clientes reales, sin casos de éxito comprobables o sin presencia profesional sólida suelen ser fraudulentas.
  8. Presión para comprar rápido. “Si no lo instalas ya, estás en riesgo”. La urgencia es una táctica clásica de impostores.
  9. Incompatibilidad con normativas locales. Si su “Tecnología Revolucionaria” no encaja con la Reglamentación Nacional o regional (RIPCI, RSCIEI) no es válida.
  10. Evasión ante preguntas técnicas. Un proveedor legítimo responde con claridad. Un impostor se molesta, cambia de tema o responde con frases vagas.
  11. Ausencia de mantenimiento documentado. Todo sistema real requiere revisiones periódicas. Si alguien dice que “no necesita mantenimiento”, simplemente es falso.
  12. No permiten auditorías externas. Si rechazan que un técnico independiente evalúe su producto, están ocultando algo.
  13. Casos de éxito imposibles de verificar. Testimonios sin nombres, empresas inexistentes o referencias que no responden, son señales de estafa.
¿Cómo protegerse de estos vendedores? Llegados aquí, si detectas:
  • Una señal = Mantén cautela.
  • Dos o tres señales = No avances sin verificación profesional externa.
  • Cuatro o más señales = Estás claramente ante un impostor.
El presente artículo en absoluto pretende ser una defensa del inmovilismo técnico; antes, al contrario. Mantener los pies en el suelo no significa quedarse quieto, sino avanzar con fundamento. Por ejemplo y no es el único: está en marcha el desarrollo de una Norma Provisional que se publicará previsiblemente a finales de este año y que llegará a ser un nuevo estándar con el tiempo. La esperada NFPA 800, que tratará sobre los riesgos asociados al almacenamiento de energía mediante baterías. Desarrollada de forma seria y rigurosa con la participación de decenas de expertos, se espera que incluya todas las tecnologías de baterías, no solo las de ion de litio, teniendo un alcance realmente ambicioso y realista como son la identificación de peligros, la prevención, el control y la supresión de incendios, explosiones y peligros relacionados con las celdas de batería y las baterías durante su fase de vida:
  1. La manipulación de materias primas
  2. La fabricación y el montaje
  3. El transporte
  4. El almacenamiento
  5. La instalación
  6. El funcionamiento
  7. El reciclaje
  8. La eliminación
  9. La reutilización
He ahí la diferencia entre la innovación genuina y el artificio comercial. Mientras tanto, los profesionales honestos disponemos de herramientas sobradamente contrastadas para ejercer el oficio sin entregarse a la charlatanería ni caer en los errores mencionados al principio. En el próximo capítulo de este blog (siempre que me permitan continuar) trataremos de analizar dos casos de incendios recientes y reconocibles desde la perspectiva del Ecosistema de Seguridad de NFPA, uno de éxito y otro de fallo.
Porque cuando llegue el fuego -y siempre llega- no hay relato, ni marca, ni catálogo que absuelva lo que nunca debió concebirse así.

Se buscan mandos para bomberos

Podía empezar este artículo con un “¿Hay algún mando libre por ahí…?”, pero la verdad es que no estamos ante un asunto con el que convenga hacer demasiadas bromas. Puede sonar a paradoja, pero empieza a ser un problema serio en los servicios de bomberos/as: sobran aspirantes para entrar y faltan personas dispuestas a asumir puestos de mando. Dicho de otra manera, mucha gente quiere ser bombero/a, pero una vez dentro del servicio, cada vez menos quiere dar el paso hacia la responsabilidad de dirigir. Y esa es una señal que conviene tomarse muy en serio. Es verdad que en muchos servicios esta dificultad venía detectándose desde hace años en determinados niveles de jefatura, especialmente en las Jefaturas de Servicio o en el paso desde puestos de mando con horario de 24 horas continuadas a destinos de 8 o 12 horas. Lo preocupante es que el problema ya no parece limitado a esos casos, sino que empieza a extenderse al conjunto de las escalas de responsabilidad, sí, también a las más básicas. Y eso obliga a parar y analizar con seriedad la situación, especialmente si de verdad se quiere hablar de calidad en los servicios públicos. Calidad de los servicios públicos La calidad de los servicios públicos no depende solo de los recursos materiales o de la vocación de sus plantillas, sino también, de forma decisiva, de la calidad del desempeño de sus mandos. Y, aunque pueda parecer una obviedad, se habla sorprendentemente poco de ello. En un servicio tan exigente como el de bomberos/as, unos mandos preparados, respetados y capaces de organizar, decidir y cuidar a sus equipos marcan la diferencia entre una respuesta simplemente correcta y un servicio verdaderamente eficaz, seguro para sus bomberos/as y de calidad para la ciudadanía. Por eso, cuando falla la atracción hacia los puestos de mando, no solo se resiente la estructura interna del servicio: también puede verse comprometida la calidad del servicio público que se presta, y ahí es donde conviene detenerse para pensar qué está ocurriendo y por qué cada vez menos personas quieren asumir esa responsabilidad. En tanto quienes deben dar esa vuelta lo van haciendo, adelanto mi sensación sobre algunas de las posibles causas. Insisto en que hablo de sensaciones, o, si se prefiere, de opiniones o presuntas causas, porque ya se sabe que, cuando alguien plantea una reflexión incómoda, nunca falta quien prefiera disparar contra quien la formula antes que entrar en el fondo de la cuestión. Estas causas, repito, en mi opinión y dejando al margen el problema que genera el posible, y antes mencionado, cambio de horario, son dos:
  • Más trabajo
  • Más responsabilidad
Y a las que podíamos añadir un resumen final que dijera algo así como “y todo ello por casi el mismo precio”. Más trabajo La demagogia es infinita, cuando algunas personas hablan de sus jefes, y estoy hablando de todas y todos, pero en este caso me refiero concretamente a los/las mandos operativos que dedican habitualmente más horas de trabajo que un bombero. No, no me refiero a “estar”, me refiero a horas realmente trabajadas, ya que a las acciones operativas hay que sumar las horas dedicadas a la parte administrativa y a la organización operativa. Un cabo (el responsable de un grupo de bomberos), de promedio, mete más horas que un bombero. Esto es así, aunque a algunas personas no les guste. Más responsabilidad Pero si el aumento de carga de trabajo es evidente, el incremento de responsabilidad lo es todavía más. Un mando no solo organiza un servicio o distribuye tareas: toma decisiones que afectan a la seguridad de la dotación, al desarrollo de la intervención y, en no pocas ocasiones, a la vida de terceras personas. Y eso no es una frase hecha. Es la realidad cotidiana de quien tiene que decidir con rapidez, con información incompleta y sabiendo que cualquier error puede tener consecuencias importantes. A esa responsabilidad operativa se suma además otra menos visible, pero igualmente pesada: la de responder por lo que se hace, por lo que no se hace y, muchas veces, incluso por lo que otros hacen mal. Porque mandar no consiste solo en tener galones o capacidad de decisión; consiste también en asumir desgaste, exposición, presión interna y externa y un nivel de exigencia que rara vez se compensa de forma proporcionada. Y cuando esa ecuación se repite una y otra vez, no debería sorprender que cada vez menos personas quieran dar ese paso.
Así lo pienso y así lo he vivido. No cuiden a nuestros mandos ahora y lo lamentarán en el futuro, que por cierto ya ha llegado.

¿Cómo reducir los accidentes?

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Nuestra sociedad conoce un caso de auténtico éxito en la reducción de accidentes. Los avances y las mejoras se producen por acciones acertadas, no por casualidad. Te los cuento en este artículo.

Autor: Javier Larrea. Presidente del Observatorio de Prevención de Riesgos y Accidentes
Publicación: Web OPRA www.opra.info • 24 de mayo de 2026

Algunas causas externas de mortalidad han visto reducir sus números en los últimos años. La que más destaca en este aspecto es la reducción de las víctimas de accidentes de tráfico que han pasado de 9.344 en 1989 a 1.853 en el año 2024. Otro caso a tener en cuenta podría ser la reducción de accidentes de trabajo que también puede servir de ejemplo, aunque no ha producido una reducción tan importante.

La reducción de los accidentes de tráfico en España

La reducción de los accidentes de tráfico con víctimas mortales es el primer caso que podemos poner como ejemplo de un caso de éxito: una positiva evolución en la reducción de accidentes mortales. El resultado es que como se ha visto desde la década de los 90 del siglo XX se han reducido los fallecimientos desde más de 9.000 hasta estar por debajo de 2.000 en la última década. Una reducción del 80% de las muertes puede considerarse un resultado envidiable para todos los demás tipos de accidente.

Este avance en la reducción de los accidentes de tráfico en España siguiendo las medidas adoptadas en otros países se ha traducido en unos excelentes resultados desde finales del siglo XX, que sin embargo no se han mantenido en los años posteriores a la era covid pues desde el año 2019 estamos viviendo un repunte en los accidentes de tráfico.

Este caso que considero de éxito ha sido expuesto en el libro “Del Infinito al Cero”, de Jesús Monclús y Pere Navarro (2021)[1] con la participación de los muchos agentes involucrados en la seguridad vial.

Miguel María Muñoz, exdirector general de Tráfico en el Gobierno de España y a mi juicio protagonista de las innovaciones gubernativas en materia de seguridad vial y promotor de los cambios necesarios en España, manifestaba que «Probablemente todos los que me habían precedido en el cargo, al ser interpelados en relación con las cifras de accidentes y sus consecuencias, solían adoptar una actitud de tipo apologético tratando de defender una realidad indefendible. Su discurso era algo así como “Sí, es verdad que los datos son peores que los del año pasado, pero si tenemos en cuenta que esta Semana Santa ha habido un x por ciento más de desplazamientos…”»[2].

Este testimonio supone una revelación de cómo los responsables políticos y administrativos de la gestión del tráfico y de la seguridad vial utilizaban los datos estadísticos de crecimiento de alguna de las variables que interviene en los accidentes para explicar los malos resultados (racionalización política). Este argumento de inseguridad vial ya no sirve y no debería estar vigente. La experiencia ha demostrado que cuando se actúa con convicción y se invierte en materia de seguridad se obtienen buenos resultados o al menos no se empeora.

Estadísticamente puede ser correcto atribuir mayor siniestrabilidad en función de un mayor número de unidades expuestas a un peligro, pero ya sabemos que la gestión del riesgo consiste en actuar sobre las variables presentes en los peligros y los factores que participan en los accidentes. Quizás no podremos intervenir en la manía de desplazarnos todos a la vez cada vez que tenemos varios días libres desde los mismos puntos de origen a los mismos o parecidos destinos, pero hay otros factores sobre los que intervenir como se ha demostrado en otros países[3]. En parte, a mayor número de coches más accidentes, a mayor número de kilómetros recorridos más muertes, pero los accidentes pueden depender de nuestro comportamiento social, hay factores sobre los que se puede influir para reducir los accidentes, tanto sobre el conductor como sobre el peatón, es decir sobre las potenciales víctimas, disminuyendo su vulnerabilidad como la limitación de la velocidad, atención, concentración, consumo de alcohol y drogas, etc., sobre las condiciones de la vía, aumentando visibilidad, mejoras en su trazado, señalización, calzada, asfalto, etc., y sobre el vehículo, como ayudas a la conducción, adherencia de las ruedas al firme, elementos de protección pasiva, airbag, etc.

Agentes clave en la reducción de accidentes

Pueden resultar esclarecedoras las declaraciones de Filomeno Mira, un referente de la Seguridad Vial en España, que resumen sencillamente cómo se han ido logrando los objetivos en la reducción de los accidentes de tráfico: «Las altas cotas alcanzadas de seguridad en España son fruto de una acción concertada de instituciones públicas y privadas, entidades aseguradoras, asociaciones, grupos sociales y otros actores bajo una decidida acción gubernamental. Filomeno Mira (2021)[4]». Parece indicar una buena estrategia, un camino adecuado a seguir; el problema es cuando no hay ninguna institución pública ni privada, ni entidad aseguradora, ni gubernativa, ni asociación que puedan unir sus esfuerzos simplemente porque no existen.

No obstante, a pesar de los buenos resultados no puede decirse que se pueda estar eufórico con un balance de casi 2.000 muertes al año, por lo que no debe caerse en esa autosatisfacción actual y hay que adoptar nuevas medidas que lleven a lograr el objetivo (prácticamente inalcanzable) de reducir las muertes de 2019 al 50% para 2030.

Una buena medida podría ser parcelar cada uno de los tipos de accidentes y de cada tipo de vehículo pues en los accidentes de vehículos podemos distinguir varios tipos de accidentes como salida de la vía o calzada, colisión con otro vehículo, atropello de personas o animales, vuelco del vehículo, etc. Y cada uno de ellos puede y debe ser objeto de estudio por separado de forma más especializada para dar con las claves para su prevención. Y eso sin olvidar el estudio de las características de las victima que están siendo muy poco estudiadas.

Los accidentes no los tienen los vehículos, los tienen las personas.

Una vez visto y analizado el éxito en la reducción de accidentes de tráfico en España y conocidos las pautas y los pasos que se han ido dando en las últimas cuatro décadas cabe preguntarse si es posible seguir un camino similar con otros accidentes. Hay que mirar qué similitudes pueden encontrarse con el riesgo de los accidentes por caídas y cuáles son los actores que tienen algún papel sustancial o accesorio en el juego de la prevención.

Si nos damos cuenta de que hay mucho que mejorar, ¿por qué no empezamos ya?

¿A qué hay que esperar?

[1] Jesús Monclús y Pere Navarro (2021). De Infinito al Cero (Así lo hicimos). Fundación Mapfre y DGT.

[2] Medina, M (2021) La sociedad civil como protagonista. Del Infinito al Cero. Fundación Mapfre. DGT. Pág. 20.

[3] Por ejemplo, en países de Centro Europa se ha desarrollado el hábito de mantener la distancia de seguridad con otros vehículos.

[4] Mira, Filomeno (2021). Los agonistas de la Seguridad Vial. De Infinito al Cero (Así lo hicimos). Fundación Mapfre y DGT. Pág. 16.

Atragantamientos en España en 2024

Los atragantamientos en España son la segunda causa de muerte accidental detrás de las caídas. Este artículo actualiza las estadísticas de esta causa de fallecimiento con los datos del INE de 2024. Autor: Javier Larrea. Presidente del Observatorio de Prevención de Riesgos y Accidentes Publicación: Web OPRA www.opra.info • 20 de mayo de 2026 En el año 2024 (último año del que se disponen datos) los atragantamientos accidentales han ocasionado la cifra de 3.090 muertes, 1.474 mujeres y 1.616 hombres. Con esta cifra los atragantamientos y sofocación accidental (sin contar los ahogamientos por inmersión) son la segunda causa de muerte accidental en España, superando en más de 15 veces las muertes por accidentes de tráfico. Atragantamientos por edad y sexo En el gráfico de víctimas mortales por atragantamiento por sexo y edad elaborado por el Observatorio de Prevención de Riesgos y Accidentes con los datos del Instituto Nacional de Estadística de 2024 se advierte que se produce un notable ascenso de las muertes por atragantamiento con el aumento de la edad. Se produce un gran impacto social cuando un niño pequeño muere por un atragantamiento accidental pero afortunadamente son escasas las muertes por esta causa entre los más pequeños. Como se puede apreciar a simple vista son muy pocos los fallecimientos en la primera etapa de la vida; en 2024 se produjeron 7 muertes entre 0 y 5 años (4 de ellos de 1 año). Un dato curioso es que, de estas 7 víctimas, 6 fueron varones. En la adolescencia apenas hay víctimas por esta causa. Después, en la juventud y en la madurez van aumentando las muertes por atragantamiento hasta que a partir de los 75 años se inicia una escalada que dispara las muertes por esta causa. Una curiosidad apreciable que nos ofrece esta estadística es que el número de varones muertos en la edad adulta (columna azul) es notablemente mayor que el de mujeres muertas (columna rosa), pero esa proporción se invierte a partir de los 85 años en que mueren más mujeres que hombres por esta causa, debido a que a partir de los 85 años, la proporción de hombres es de aproximadamente un 38% frente a un 62% de mujeres. Esta tendencia se mantiene regular los últimos años. Aunque exista la creencia errónea de que los más vulnerables a estos accidentes son los menores de edad nos encontramos con que el pico de muertes se encuentra a partir de los 80 años; de hecho, en 2024 han perdido la vida 2.733 mayores de 64 años, lo que supone el 88,5% de todas las muertes por esta causa; un dato interesante que habrá que tener en cuenta para poner en marcha acciones preventivas si se quiere reducir este escandaloso número de víctimas mortales de nuestras personas longevas. Evolución al alza En el siguiente gráfico de evolución de las víctimas mortales por atragantamiento que recoge las víctimas habidas en los últimos 25 años se observa la tendencia creciente al alza. En lo que va de siglo se ha multiplicado por seis el número de muertes por atragantamiento y esto va a seguir así si no se produce algún cambio o innovación, lo que no parece que esté en la voluntad política de nadie. El descenso de defunciones que se advirtió durante la época covid (años 2020 y 2021) se ha compensado con el rebote de los tres últimos años en los que tenemos registros superando las 3.000 muertes anuales. Se trata de un dato alarmante para alguien que tuviese la responsabilidad de estar pendiente de estas estadísticas. Tipos de muerte por atragantamiento Analizando con más detalle los accidentes mortales que el INE recoge bajo el epígrafe de “Inhalaciones y obstrucciones respiratorias” se observa que la mayor parte de las muertes se corresponde con el atragantamiento por la ingestión de alimentos y por la obstrucción respiratoria de otros objetos. Este accidente se conoce medicamente como OVACE que son las iniciales de Obstrucción de las Vías Respiratorias por Cuerpo Extraño. La otra obstrucción que ocasiona la muerte es la de los contenidos gástricos (2,6%). Otras obstrucciones como los hundimientos y caídas de tierra (4), los ahorcamientos accidentales (4) o el confinamiento en espacios sin oxígeno (2) no alcanzan ni el 0,5% de las víctimas mortales por esta causa. Así pues, es la OVACE la auténtica causa de muerte por atragantamiento y a la que habrá que prestar atención desde un punto de vista preventivo. Un problema con el que nos encontramos es la falta de información sobre estos accidentes. De los atragantamientos que se producen a lo largo de un año en España no sabemos cuántos casos son atendidos en urgencias, ni tan siquiera sabemos la distribución de las causas que han producido estos accidentes cuando llegan a urgencias porque no se recoge adecuadamente el dato. Cuando la muerte se produce por un cuerpo extraño tampoco sabemos cuál ha sido el objeto o alimento que lo ha provocado pues el INE no publica ese dato porque no se conoce. Y en pocos casos se recoge en las estadísticas el lugar en que ha ocurrido. Como ejemplo, en 1.786 casos de los 2.463 casos de fallecimiento por OVACE, que recoge el INE en 2024, figuran “en lugar no especificado”. Harían falta estadísticas más pormenorizadas para tener pleno conocimiento de este grave fenómeno accidental y adoptar medidas para prevenirlo. Como ya he apuntado otras veces, no hay ningún gobierno, ni administración, ni organización encargada de recoger estos datos ni de poner en marcha medidas de prevención. Para ello, habría que crear un Centro de Prevención de Accidentes que tuviese esta función o bien deberían ser las comunidades autónomas con mayor sensibilidad quienes los creasen. Intervención en caso de atragantamiento La medida más eficaz para intervenir en una OVACE es la maniobra de Heimlich, de la que ya hemos escrito otras veces y que hemos tratado en otros artículos. Todo el mundo debería saber realizar la maniobra de Heimlich que puede aprenderse en unos pocos minutos, es fácil de realizar y una vez aprendida no se olvida nunca, no se olvida en toda la vida. Esta maniobra debería ser enseñada en los colegios a todo el personal, profesorado y escolares, y muy especialmente al personal de comedor. En un próximo artículo analizaremos los dispositivos existentes en el mercado español para intervenir en casos de atragantamiento.

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Rescate Vial publica el artículo de OPRA sobre el accidente de Adamuz

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El número 82 de la revista Rescate Vial recoge el artículo “La protección civil en el accidente de Adamuz” firmado por el presidente de OPRA, Javier Larrea, en el que se pretende hacer un reconocimiento público del papel destacado del voluntariado de protección civil de Adamuz, que desempeñó tareas fundamentales en las primeras horas tras el trágico accidente ferroviario (46 muertes). Puedes ver el artículo (en la página 40), así como la revista completa, en: https://www.publica.es/digital/rv-82.htm ¡Gracias a Rescate Vial por ayudarnos a difundir la cultura de la prevención!

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¿Fue un caos la crisis del hantavirus? Sí [17/05/2026]

Transcribo aquí, de forma no literal, una de las muchas conversaciones que mantuve la semana pasada sobre la crisis del hantavirus. —¿Lo del hantavirus fue un caos, verdad? —Sí, sin duda, todo lo ocurrido en torno al hantavirus en el crucero MV Hondius se ha calificado así, mira las noticias. Y, en cierto modo, aún se sigue haciendo en determinados foros y tertulias. —Entonces, si fue un caos, entiendo que hubo desorganización y anarquía en la respuesta operativa; es decir, que la solución no fue adecuada y se generó desconcierto entre quienes debían gestionar el suceso. —Sí y no. Hubo confusión, ruido y desconcierto alrededor del episodio, pero no necesariamente en la gestión técnica de la crisis, que, en mi opinión, activó y desarrolló su plan de acción de forma correcta y ordenada. —Entonces no lo entiendo: ¿se actuó bien y, al mismo tiempo, se generó caos? —Exactamente. Y esa aparente contradicción tiene explicación. La explicación Te cuento: En las grandes emergencias o situaciones críticas, el caos puede desarrollarse, al menos, en tres ámbitos.
  1. El tiempo de transición entre el suceso y la activación plena del sistema de respuesta
Existe un sistema de respuesta diseñado para atender cualquier emergencia, adaptable a cada circunstancia, organizado y sostenido por profesionales que conocen bien su función. Sin embargo, ese sistema necesita un tiempo, que no siempre es breve, para ajustarse a lo que está ocurriendo. Dicho de otro modo, nadie sabe de antemano qué va a suceder exactamente, dónde ocurrirá, a qué hora ni con qué intensidad. Pero el sistema debe responder de forma organizada y en el menor tiempo posible. Y ese tiempo, inevitablemente, no es cero. Por eso, en toda gran emergencia existe un período inicial de transición y adaptación durante el cual la organización escala su respuesta hasta consolidar plenamente la gestión del incidente.
  1. La percepción pública y la construcción mediática del caos
A ese período inicial, cada vez con más frecuencia, los Medios lo llaman “caos”. Aquí entra en juego un segundo plano: la comunicación a la ciudadanía. Un viejo aforismo sostiene que, si los medios de comunicación definen una situación como caótica, esa percepción acaba imponiéndose. Los medios son, sin duda, esenciales para informar a la sociedad. Sin embargo, en muchos casos, la información periodística ha sido desplazada por un modelo basado en el debate permanente: opiniones enfrentadas, tertulias instantáneas y juicios inmediatos. Ya no siempre predomina la descripción de lo ocurrido, sino la confrontación interpretativa. A ello se suma lo que circula en redes sociales, donde la desinformación, la exageración o la simplificación pueden amplificar aún más la sensación de desorden. Hasta ahí, esa percepción podía sobrellevarse, aunque con relativa dificultad. El problema se agrava cuando aparece un tercer ámbito.
  1. La confrontación política
El tercer espacio en el que se desarrolla el caos es la confrontación política mientras la emergencia sigue en curso. Nunca antes se había visto con la intensidad que hoy alcanza. Conviene recordar que la Ley 17/2015 del Sistema Nacional de Protección Civil establece, en su artículo 3.2, que las actuaciones del sistema deben regirse por principios como la colaboración, la cooperación, la coordinación, la solidaridad interterritorial, la subsidiariedad, la eficiencia, la participación, la inclusión y la accesibilidad universal. Cuando, en plena emergencia, el debate político se convierte en bronca pública, esa confrontación es recogida de inmediato por los medios y trasladada a la ciudadanía. El resultado es una población que acaba sin saber si la situación se está gestionando bien o mal, si quienes dirigen técnicamente la respuesta saben lo que hacen o si las medidas adoptadas son las correctas. Caos emergencias Mi visión en resumen Sinceramente, me resulta llamativo que una operación que, por lo que he observado, se ha desarrollado con niveles técnicos y organizativos razonablemente adecuados genere, en la opinión pública, un desconcierto tan grande como para provocar incluso manifestaciones en la calle con pancartas. La discrepancia política me parece legítima; forma parte de la vida democrática. Pero, durante la emergencia, debería prevalecer un principio básico: primero resolver, después depurar responsabilidades. Si ha habido, y seguramente las ha habido, deficiencias en la comunicación, en la información o en la gestión, deben analizarse y corregirse, y, en su caso, exponerse públicamente una vez finalizado el episodio. Todo lo anterior puede aplicarse a muchas otras situaciones recientes en las que han coincidido esos tres ámbitos del caos con sus correspondientes espacios de responsabilidad para evitarlo. Los resumo:
  • El técnico, mejorando procedimientos y corrigiendo errores a partir de las lecciones aprendidas.
  • El mediático, procurando que, en plena crisis, la información técnica veraz prevalezca sobre la tertulia inmediata y el debate enfrentado.
  • El político, respetando los tiempos de cada fase: primero cooperar en la resolución; después, exigir explicaciones o responsabilidades.

A tener en cuenta en los simulacros de emergencias

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Los planes de autoprotección/planes de emergencia exigen la realización de simulacros de emergencia para comprobar que las medidas previstas de protección se ejecutan de acuerdo con lo planificado para distintas situaciones de emergencia. Autor: Javier Larrea. Presidente del Observatorio de Prevención de Riesgos y Accidentes Publicación: Web OPRA www.opra.info • 13 de mayo de 2026 Sin la realización de estos simulacros el plan de autoprotección puede ser papel mojado o plan-basura, que se dice ahora, porque nunca se han puesto en práctica y por lo tanto no se sabe de su practicidad. Para quienes tengan que poner en marcha los simulacros vamos a exponer unos pequeños consejos que pueden ser de ayuda. Para planes de emergencia municipal o grandes emergencias

1.- Es posible, que en una primera fase haya que dar más importancia a los ejercicios prácticos de cada organización por separado que a los ejercicios conjuntos de colaboración entre varias entidades.

2.- Puede ser recomendable que no exista presencia de medios de comunicación para que no desvirtúen el objetivo del ensayo: poner en práctica un método de trabajo interno.

3.- A veces, los planes de emergencia han sido diseñados con escasa o ninguna participación de los servicios de emergencia que deberán actuar el día que ocurra un incidente, por lo que no siempre son de total utilidad y tienen una dudosa operatividad. Esto mismo puede ocurrir con los simulacros, es decir, que se planifiquen de espaldas a los servicios de emergencia o sin tener en cuenta sus sugerencias.

4.- De cualquier manera, hay que desarrollar con celo el sentido autocrítico. No hay que mostrar reparos a señalar lo que hemos hecho mal y lo que no ha salido bien. Los simulacros son una ficción, pero, sus conclusiones no deben serlo.

Para simulacros de actividades y entidades privadas Las empresas o industrias que deban realizar un simulacro deben tener presentes los Peligros que acechan a los simulacros.

1.- Hay que identificar bien la emergencia que queremos simular, el escenario y los objetivos del simulacro.

2.- Si no se ha explicado a toda la plantilla la existencia del Plan de autoprotección y sus objetivos y en qué consiste el simulacro que se va a realizar es muy posible que su implicación sea mínima. Hay que lograr que todas las personas colaboren proactivamente.

3.- Hay que evitar que los simulacros sean repetitivos y que no se conviertan en rutina pues dejará de prestárseles la atención requerida. No se trata solo de realizar los simulacros para cumplir con la ley o aparentar seguridad, sino de testar nuestra capacidad de respuesta ante las emergencias.

4.- La ley de Murphy nos indica que si algo puede salir mal saldrá mal, y hay quien piensa que Murphy era un optimista. Bromas aparte, los simulacros pueden darnos la falsa impresión de que estamos perfectamente preparados para todo tipo de emergencias cuando en realidad tan solo estamos medio entrenados para la situación que se ha simulado.

5.- Hay que tener en cuenta que hay muchas situaciones que no están contempladas en los planes de emergencia, por lo que conviene ampliar el catálogo de peligros a los que se está expuesto.

En ambos tipos de simulacros, públicos o privados, grandes o pequeños, hay que dar mucha importancia a la evaluación final o posterior para detectar los imprevistos y los errores para la rectificación en la actualización del Plan de Autoprotección.

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